Es difícil hablar con un ser querido sobre su peso corporal. Si lo abordamos de manera equivocada, podemos herir sus sentimientos. Con un poco de tacto, sin embargo, se puede orientar a un amigo o a un familiar con éxito en la dirección correcta. Aquí le contamos cómo.

No lo atosigue. El peso es un tema que sensibiliza a mucha gente: hasta la broma más liviana puede producir verdadero dolor. Sucede lo mismo si se lo acosa; además de ser molesto, suele producir el efecto contrario. Su tarea es alentarlo, motivarlo: empiece diciéndole que lo quiere y que le preocupa su salud. Destaque los beneficios de disminuir riesgos de una enfermedad y mejorar la autoestima. No haga mención a la apariencia. Déle la seguridad de que recorrerán juntos el camino para ponerse en forma. Emprender de a dos un programa de mejora del estado físico no solo es más divertido sino que además aumenta las posibilidades de éxito. De las investigaciones surge que quienes hacen ejercicios con un compañero tienen menor tendencia a abandonar.

Elimine las tentaciones. Deshágase de todo lo que amenace su dieta: papas fritas, caramelos, gaseosas dulces, etc. (Ni siquiera piense en mantener un escondite secreto. Es importante ser un buen ejemplo). Luego planifiquen juntos las comidas saludables de la semana. Al ver su compromiso, su socio se sentirá acompañado y aliviado en su temor a pasar hambre.

Manténgase activo. Hacer ejercicio físico es crucial en cualquier plan para bajar de peso y una gran oportunidad para vincularse afectivamente. Acomode su programa de ejercicios para que coincida con el de su compañero. Tome la costumbre de hacer una caminata temprano por la mañana o después de la cena. Si no, considere tener un perro. Según un estudio de la Universidad de Victoria en la Columbia Británica, las personas que poseen un perro caminan en promedio casi el doble del tiempo que quienes no lo tienen.

Ofrezca incentivos. Todos respondemos mejor a un estímulo positivo que a una crítica. Sea generoso al elogiar a su compañero cuando lo ve hacer ejercicios o cuando elige con acierto sus comidas. Considere regarlarle algo relacionado con la actividad física: uno de esos completos medidores de distancia y ritmo cardíaco, algunas sesiones con un entrenador personal o un par de zapatillas son todas buenas opciones. Si es su esposa a quien está ayudando, entretenga a sus hijos mientras ella hace ejercicios. Fijar objetivos de corto plazo y establecer recompensas es una buena forma de mantener la motivación de su compañero. Por ejemplo, luego de tres semanas de vida sana, planifique una salida divertida que no incluya, eso sí, tareas domésticas.

No siempre podrá controlar la situación: ante el desliz de un helado inoportuno o la ausencia a una sesión de gimnasia, evite la tentación de reprender o hacer notar su decepción.  Lo importante es volver al ruedo. Ambos han emprendido un largo camino hacia una vida más sana, plena de energía y con renovado sentido del disfrute; será aún mejor cuando alcancen juntos el objetivo.